Este jarrón de Bertoncello, diseñado por Roberto Rigon, reúne dos bocas a distinta altura en una silueta continua que se curva alrededor de un vacío central. El negro acentúa el contorno y permite que los reflejos dibujen el volumen. Su presencia se acerca a la de una pequeña escultura, incluso sin flores.
La pieza pertenece al ámbito de la cerámica artística italiana, en el que el recipiente se convierte también en una exploración de la forma. Bertoncello Ceramiche d’Arte, establecida en Schiavon, en la provincia de Vicenza, desarrolló una producción moderna de volúmenes orgánicos y superficies esmaltadas. Roberto Rigon colaboró con la manufactura en la investigación de formas y esmaltes durante los años setenta.
Rigon se formó en el entorno cerámico de Nove, con Giovanni Petucco y Andrea Parini como profesores. Su trayectoria unió modelado, pintura y escultura, una relación que ayuda a comprender esta manera de concebir el jarrón como un objeto con autonomía visual.
Por qué hemos elegido este jarrón de Bertoncello
La asimetría de los cuellos y la abertura central introducen movimiento sin recurrir al ornamento. Sobre una consola de madera, una balda clara o una superficie de piedra, el negro aporta profundidad y el hueco aligera la composición. Puede presentarse solo o con unas pocas ramas secas que dejen visible su dibujo.